El presidente del Comité Panamericano de Juezas y Jueces por los Derechos Sociales y la Doctrina Franciscana (COPAJU), el Dr. Roberto Andrés Gallardo, trazó un diagnóstico exhaustivo sobre cómo impacta en el ordenamiento jurídico mundial la “crisis civilizatoria” a la que el Papa Francisco se refirió para caracterizar el momento presente.
Invitado por la Maestría en Derecho de la Universidad Católica de Brasilia (UCB), el juez argentino estableció los paradigmas que están bajo asedio, las causas de estas transformaciones abruptas y las “misiones” que en este escenario tienen aquellas magistradas y magistrados comprometidos con la justicia social y la dignidad humana.
“Atravesamos una crisis polifacética, de una vastedad de expresiones que hace difícil poder interpretarla, estudiarla y diagnosticarla”, advirtió Gallardo al comienzo de su conferencia “IA – Rupturas en los paradigmas jurídico-políticos”, brindada el 28 de mayo desde el Campus Taguatinga de la UCB, en la 1° jornada del “IX Seminario de la Maestría de Derecho” de esa casa de altos estudios.
Los “monstruos”
El presidente de COPAJU comenzó por identificar las grandes razones de esta crisis, a las que caracterizó como los “monstruos” de le época, siguiendo la terminología de Gramsci en relación a eso que emerge cuando “el viejo mundo se muere y el nuevo tarda en aparecer”.
El primero de estos “monstruos” es el económico, apoyado en una hiperconcentración de la riqueza nunca antes vista, un desplazamiento de grandes conglomerados poblacionales hacia “el descarte”, como diría Francisco; y una sustitución del poder económico del Estado por el de las corporaciones.
“Atravesamos una crisis polifacética, de una vastedad de expresiones que hace difícil poder interpretarla, estudiarla y diagnosticarla”, advirtió Gallardo.
Otros “monstruos” son el comunicacional, con una serie de cambios frenéticos que plantean, a la vez que una enorme facilitación, “un conjunto muy grande de dudas y peligros”; y el geopolítico, con una mutación profunda de las relaciones internacionales. “Hay una erosión, casi destrucción, del multilateralismo –describió Gallardo–, donde un aspecto distintivo es la evolución de la guerra: hoy cuesta definir cuándo estamos o no en guerra, porque sus fronteras se desdibujan notoriamente, con escenarios múltiples y por completo desconocidos”.
El cuarto “monstruo” de esta crisis civilizatorio es el ecológico, con el cambio climático como vector de las tensiones. “Lo estamos experimentando en nuestros países, con sequías, inundaciones, extinción de especies y el recalentamiento global que parece no tener límite ni acuerdo posible para reducirse”, afirmó el juez.
El último de esta serie de “monstruos” es el tecnológico, en especial, los desarrollos en materia de inteligencia artificial, automatización y robótica, y sus combinaciones, con marcado énfasis en dos campos: el trabajo y la guerra.
Los paradigmas en jaque
Gallardo planteó que estos escenarios, a su vez, ponen en fractura un conjunto de paradigmas jurídicos. El primero es la soberanía estatal, que entonces ya no puede ser entendida según la fórmula que la describe como la capacidad de ejercicio del poder exclusivo y excluyente en un territorio determinado. “Hoy, los ‘monstruos’ avanzaron sobre esa soberanía estatal y numerosas situaciones conspiran contra la posibilidad de su ejercicio”, resumió. “No hay soberanía posible para ningún Estado si no hay soberanía digital”, afirmó, y puso como ejemplo a naciones que carecen de recursos para neutralizar agresiones tecnológicas de última generación.
Otro paradigma en asedio es el de la juridicidad, por la vía de un mecanismo que consiste en otorgar una legitimidad ex-post a la facticidad. “Inversamente a lo que estamos preparados como operadores judiciales, que es que el sistema determina cuáles son los actos ajustados a derecho y cuáles no, ahora vienen los hechos y, luego, las supuestas razones jurídicas”, describió, y enumeró lo ocurrido en Gaza, Irán, el Golfo y Venezuela, «todas formas en donde lo fáctico sustituye al orden jurídico internacional”.
“Hoy, los ‘monstruos’ avanzaron sobre la soberanía estatal y numerosas situaciones conspiran contra la posibilidad de su ejercicio”, señaló el presidente de COPAJU.
La democracia misma es otro paradigma en jaque. El magistrado indicó “tres aspectos de su erosión”: las redes, capaces de manipular voluntades políticas y modificar escenarios electorales; el lawfare, al cual el Papa Francisco señaló tempranamente como una práctica que pone en vilo la democracia; y la plutocracia, en un mundo donde “la ocupación de los cargos empieza a ser patrimonio de los ricos”.
El cuarto paradigma en riesgo es el de las formas republicanas. “Se están sustituyendo por gobiernos con Ejecutivos macrocefálicos y con poderes exacerbados, que terminan dominando al Poder Legislativo y también al Poder Judicial”, advirtió Gallardo.
Por último, abordó el paradigma de la independencia judicial y puso como caso testigo al juez francés Nicolas Guillou, con quien meses atrás estuvo reunido en La Haya. Miembro de la Corte Penal Internacional, Guillou fue el juez sumariamente en las denuncias por el genocidio en Gaza y quien firmó la orden de detención del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. “Estados Unidos lo sancionó sin ningún tipo de proceso y hoy es literalmente un paria digital. Esta es una expresión clarísima de cómo se está quebrando la independencia judicial”, sostuvo.
Qué hacer
En medio de esta crisis profunda y multifacética, ¿cuál es la misión de las magistradas y los magistrados que, como pregona COPAJU, se comprometen con la construcción de un mundo más justo? “Lo primero –consideró el titular del Comité– es tratar de comprender lo qué nos pasa. Poder analizarlo multidisciplinariamente, no solo desde la perspectiva jurídica, sino también desde lo político, lo sociológico, lo psicológico, lo comunicacional”.
La segunda misión que planteó es ratificar la centralidad estatal. “Tenemos gobiernos que pregonan la destrucción del Estado. Y sectores corporativos que también están diseñando políticas de anarcocapitalismo”, advirtió el juez. Por eso, llamó a defender el lugar medular del Estado «como idea, como persona jurídica, como garante de una normatividad”.
La justicia social es la tercera de las tareas. “La misión del operador jurídico comprometido –planteó– es sostener, contra viento y marea, la justicia social, entendida como una armonía entre los intereses divergentes en una sociedad, pero con claridad en cuanto a que no hay sociedad ni democracia posibles cuando se lleva a las personas a la indignidad, al hambre, a la carencia de derechos sociales”.
La cuarta misión es “trabajar con mucha atención la soberanía digital”, a partir de plantear cómo regularla y cómo coordinar los aspectos técnicos y los jurídicos. Más allá de la evidente dificultad del tema, lo consideró una tarea urgente: “No podemos esperar el daño para regularlo. Tenemos que empezar ahora”.
“La misión del operador jurídico comprometido –planteó el juez– es sostener, contra viento y marea, la justicia social, con la claridad de que no hay sociedad ni democracia posibles cuando se lleva a las personas a la indignidad”.
Una nueva educación jurídica es otro de los imperativos de la época. “No podemos continuar haciendo como que no pasa nada, dando clases como hace 20 años –postuló– . Tenemos la obligación de actualizarnos ante la crisis y, además de comprenderla, ver cómo formar a las nuevas camadas de operadores jurídicos con nuevos paradigmas”.
La sexta misión implica resignificar positivamente el uso de las nuevas tecnologías: “Así como los gerenciadores de determinadas plataformas piensan en la manera de erosionar la democracia, debemos buscar las formas de utilizar ese recurso para optimizar el sistema democrático, darle más dinámica y justificar la participación efectiva”, explicó.
Por último, se refirió a “la imprescindible modificación de las reglas del proceso”, ante la emergencia de situaciones que ya están vulnerando la integridad del sistema, en especial, el sistema probatorio, ante tecnologías que, por ejemplo, vuelven casi imposible determinar la veracidad de una foto, un audio o un video aportado en un expediente. “Repito: no se puede seguir pensando que no pasa nada ni esperar a cuando tengamos casos en los cuales ya directamente la prueba aparezca viciada”, alertó Gallardo.
Al finalizar su conferencia en la UCB, el juez argentino recordó al Papa Francisco, fuente de inspiración de muchas de estas reflexiones, traducidas a su vez en el quehacer cotidiano de COPAJU: “Francisco siempre decía ‘no pierdan la esperanza’. Yo no sé si soy optimista, pero no pierdo la esperanza. Hay que hacer todo lo posible”.


